Esta obra es de bulto redondo, lo que significa que se puede ver en todos los ángulos, pero el punto de vista preferente es el frontal.
Una Virgen
joven, bella y piadosa cuyas vestiduras se expanden con numerosos
pliegues, sostiene al Hijo muerto y que, intencionadamente, aparenta
mayor edad que la Madre, en una composición triangular sosegada y llena
de ternura. La juventud de la Virgen es muestra del idealismo
renacentista: se trata de representar el ideal de belleza y juventud,
una Virgen eternamente joven y bella.
Vasari dice de ella «es
una obra a la que ningún artífice excelente podrá añadir nada en
dibujo, ni en gracia, ni, por mucho que se fatigue, en poder de finura,
tersura y cincelado del mármol».
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